Crítica de «Hazel Eyes» de Sam Smith

Durante los inicios de su carrera, Sam Smith era un vocalista tradicional de pop/Soul con una imagen serena e impoluta (muchos le bautizaron como la versión masculina de Adele) pero tras sus primeros álbumes se produjo una liberación personal que le llevó a mostrar una imagen más estridente, extravagante y abiertamente ‘queer’ que alienó a gran parte de sus seguidores iniciales. Esta transformación del artista británico llegó a su punto álgido con ‘Unholy’, que resultó un gran éxito comercial y se encuentra entre las canciones más reproducidas de su repertorio, pero su arriesgado sonido y sus polémicas letras alejaron a su tradicional base de fans y atrajeron a un público ajeno a Sam que consumió el tema y pasó de largo. Este controvertido tema formó parte de «Gloria», un álbum poco centrado e inconsistente que alternaba baladas tradicionales con canciones excesivas y rimbombantes como ‘Unholy’ que no aportaban demasiado a su catálogo musical y ensuciaban su carrera. Este mes de agosto ha visto la luz el quinto álbum de estudio de Sam Smith, titulado Hazel Eyes, que se trata literalmente de una carta de amor dedicada a su prometido, el diseñador Christian Cowan, y supone su primer trabajo enfocado al 100% en un amor sano y correspondido. Sam ha declarado que este álbum es un proyecto muy especial que fue compuesto durante más de tres años junto a un grupo muy pequeño de amigos. La producción se aleja del pop electrónico comercial de sus dos últimos discos («Love Goes» y «Gloria») para volver a texturas más orgánicas y acústicas, que recuperan su habitual sonido Soul e incluyen toques de blues, folk o guitarras Country. Por primera vez en su trayectoria, el cantante londinense ha coproducido todo el álbum junto a Simon Aldred y David Odlum, con la ayuda adicional de la artista canadiense Leslie Feist.

El día de San Valentín del año pasado, como regalo hacia sus fans, Sam Smith lanzó el sencillo promocional Love is a Stillness, que se trata de una balada minimalista Soul y R&B que supone un manifiesto sobre el amor como un refugio de paz, estabilidad y sanación emocional frente al caos de la vida moderna. Más tarde llegó To Be Free, una balada folk/Soul íntima que explora la auto-aceptación y la liberación emocional a través de una interpretación acústica y la fuerza de un coro Gospel. Tras dos sencillos promocionales, llegó la carta de presentación del álbum, My Guy, que se trata de una balada acústica e íntima con influencias Soul y folk cuyas letras suponen una celebración del amor correspondido, la estabilidad emocional y el sentido de pertenencia, inspirada directamente por la mudanza de Sam a Nueva York y su relación sentimental con Christian Cowan.

Tras la tierna declaración de amor de ‘My Guy’, Sam Smith entrega la cara opuesta con Oh Mother, una balada pop/Gospel que aborda el dolor de la traición sentimental y la necesidad de encontrar consuelo y protección en una figura materna, real o simbólica. El siguiente single lanzado fue When He’s Gone, una desgarradora balada con influencias Country/folk cuyas letras exploran el dolor profundo de una relación destructiva, la dependencia emocional y el vacío absoluto que deja la inminente partida de una pareja. Coincidiendo con la publicación del álbum se ha lanzado Constant Companion, un tema mid-tempo de estilo Country/folk que describe la intensidad de un amor profundo basado en la complicidad, la lealtad absoluta y la protección mutua. Sin embargo, este giro maduro de Sam Smith ha tenido un peaje comercial evidente: ninguno de los singles lanzados ha impactado en la listas de venta ni aparecen entre los temas más escuchados de Sam Smith en las plataformas musicales, lo que convierte a «Hazel Eyes» en su primer álbum sin un hit que respalde el proyecto.

Tras explorar diferentes facetas musicales en sus últimos proyectos, el regreso de Sam Smith a la serenidad estética y a las raíces de la balada romántica no supone un retroceso sino una reconciliación con su verdadero talento vocal. En «Hazel Eyes», el artista inglés demuestra que la verdadera evolución no siempre consiste en reinventar el sonido, sino en dominar la propia esencia. Tras la era polarizante y estridente de «Gloria» (que funcionó en TikTok gracias a ‘Unholy’ pero alejó a su base de fans más fiel), este aparente paso atrás hacia la elegancia y la madurez de «Hazel Eyes» es un movimiento estratégico brutal que merece ser aplaudido. Lo verdaderamente llamativo es que, a diferencia de sus inicios melancólicos, ahora es el artista quien domina la narrativa, pero cantando desde la felicidad y el amor correspondido, no desde el drama. Temas imprescindibles: My Guy, When He’s Gone, Oh Mother, Constant Companion y Love is a Stillness. Puntuación: 7/10.

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